Asoma una cabecita, se abren unos dedos sobre la pared y empieza el paseo. ¡Vaya manera de trepar! La salamanquesa común, Tarentola mauritanica, es una de esas vecinas capaces de convertir el muro del patio en una ventana a la naturaleza. Conocerla da todavía más ganas de dejarle un rincón tranquilo donde seguir a lo suyo.
Un pequeño reptil lleno de detalles
Su cuerpo es aplanado, con cabeza ancha, ojos grandes y unos relieves en el dorso llamados tubérculos. Los tonos grises y pardos, con bandas oscuras, le dan un aspecto estupendo para pasar desapercibida entre piedras y paredes. Si tienes ocasión de verla desde una distancia cómoda, fíjate en sus pausas y en cómo cambia de dirección. Cada movimiento tiene su encanto.
Los dedos se llevan el aplauso
En la parte inferior de sus dedos hay laminillas con estructuras microscópicas que permiten adherirse a distintas superficies. Ese agarre hace posibles sus recorridos por muros y otros lugares que a nosotros nos parecen imposibles. En WildLab puedes girar el modelo ilustrativo y explorar esos detalles desde abajo, mientras las salamanquesas reales conservan su tranquilidad.
Una cena a la luz del patio
Cerca de una luz puede encontrar insectos que acuden a ella. También come otros invertebrados, como arañas. Al alimentarse participa en la regulación de sus poblaciones: es una gran aliada de jardines y ecosistemas, aunque no sea una solución mágica para eliminar bichos. Tanto ella como sus presas forman parte de la red de vida y merecen respeto. Podemos observar sin añadir luces para atraer presas.
Es habitual verla al anochecer y durante la noche, aunque también puede estar activa de día. La temperatura y el lugar influyen en sus horarios. Volver a mirar el mismo muro en otro momento puede traer sorpresas. Si se esconde en una grieta, ahí termina nuestra visita: ese rincón es su refugio y merece seguir siéndolo.
La cola merece mucho cuidado
Ante una amenaza, puede desprenderse de parte de la cola para facilitar la huida. A esa capacidad se la llama autotomía. Después puede regenerarla, pero el proceso tiene un coste para el animal y la nueva cola suele verse más lisa. No hace falta provocar esa pérdida para conocerla: déjala tranquila, sin sujetarla ni intentar comprobar qué ocurre.
Una vecina a la que hacer sitio
La salamanquesa común es inofensiva para las personas y no es venenosa. Comparte jardines, muros y edificios con nosotros, además de vivir en ambientes rocosos. Dejar libres sus pasos, respetar las grietas y evitar capturas permite convivir con esta pequeña aliada. ¡Que siga teniendo un buen lugar al que volver!
